En ocasiones, las personas que inician terapia no presentan un “problema puntual”, si no una sensación de no mejora, de estancamiento. No siempre es lo que ocurre, sino lo que evitamos de lo que ocurre.
¿Qué es la evitación?
La evitación es un mecanismo de defensa por el cual las personas intentamos escapar, huir o aplazar situaciones, personas, pensamientos o emociones que nos generan algún tipo de malestar como angustia, enfado, tristeza… dándole poca importancia y minimizando lo que nos afecta emocionalmente. Es, sin duda, una estrategia que puede aliviar el malestar a corto plazo (y por lo tanto, funciona como reforzador, es decir, que vamos a repetir la evitación porque nos sentirnos un poco mejor), pero es poco funcional a largo plazo, ya que no nos ayuda a resolver los problemas de fondo y, no hacerles frente, no hace que desaparezcan, es más, al evitar, el malestar puede ser aún más intenso y duradero.
Existen 3 tipos de evitación:
- Evitación conductual: escapar de situaciones que generan estrés, ansiedad, tristeza o cualquier tipo de malestar. Como por ejemplo, si me da miedo volar, no cogeré ningún avión, si tengo miedo de tener una conversación con mi pareja por las posibles consecuencias, no la tengo. Se trata de una respuesta de no acción.
- Evitación cognitiva: se trata de distraernos o rehuir de un problema o pensamiento incómodo, desagradable o negativo en vez de evaluar el problema y reflexionar sobre él para afrontarlo. Por ejemplo: “ya lo pensaré mañana” o recurrir a enfocarme en otras cosas como mirar la televisión, videojuegos, redes sociales, abuso de sustancias, etc.
- Evitación emocional: se busca la no experimentación de emociones desagradables y no permitirse sentir malestar. Obligarse a estar bien, culparse por estar mal y hacer algo que le produce bienestar sin prestar atención a la emoción inicial. Este tipo de personas se podrían decir a sí mismas: “Soy una persona que siempre piensa de manera positiva”, escondiendo debajo el mensaje de que no se permiten estar mal, tanto por ellos mismos como por los demás.
¿Cómo mantiene el malestar?
Desde un punto de vista psicológico, la evitación opera a través de un ciclo que se refuerza a sí mismo:
- Aparición del malestar
La persona experimenta una emoción incómoda (por ejemplo, ansiedad, tristeza o miedo) ante una situación, pensamiento o recuerdo.
- Conducta de evitación
Para reducir ese malestar, pone en marcha alguna estrategia: posponer, distraerse, evitar una conversación o situación o intentar no pensar en ello. - Alivio inmediato
A corto plazo, la intensidad emocional disminuye. Este descenso del malestar actúa como un refuerzo, aumentando la probabilidad de que la persona vuelva a evitar en el futuro.
- Refuerzo del patrón
Con el tiempo, la evitación se convierte en la respuesta automática ante cualquier experiencia interna incómoda.
- Mantenimiento o intensificación del problema
Al no enfrentarse a la situación o emoción, no se produce aprendizaje ni elaboración. El problema se mantiene, se generaliza o incluso se intensifica.
¿Cómo se manifiesta la evitación en el contexto online?
- Personas que posponen iniciar terapia: es una de las formas más frecuentes de evitación. Normalmente aparece como: “cuando tenga más tiempo”, “cuando esté más tranquilo”.
- Pacientes que hablan de lo superficial en sesión: el contenido de las sesiones también da mucha información. Algunas personas se centran en hechos externos sin explorar su impacto emocional, cambian de tema cuando conectan con algo emocionalmente o relatan situaciones sin profundizar a nivel emocional.
- Uso de distracciones incluso durante sesiones online: revisar el móvil, mantener más pestañas abiertas en el ordenador o estar en un espacio con interrupciones muchas veces puede deberse a esta evitación.
- Dificultad para aplicar cambios fuera de sesión: posponer tareas o ejercicios trabajados en sesión también puede ser señal de la evitación.
Ventajas específicas del formato online para trabajar la evitación:
- Trabajo en el entorno real del paciente.
- Mayor continuidad (menos cancelaciones por logística).
- Posibilidad de aplicar tareas en contexto inmediato.
- Acceso a terapia incluso cuando la evitación dificultaría desplazarse.
La evitación es especialmente relevante en dificultades como la ansiedad, donde evitar situaciones temidas (por ejemplo, interacciones sociales o toma de decisiones) impide comprobar que el malestar es tolerable o que las consecuencias anticipadas no siempre ocurren.
Además, la evitación no solo limita la resolución del problema inicial, sino que reduce progresivamente el repertorio de conductas de la persona. Es decir, cada vez hay más situaciones, emociones o pensamientos que se intentan evitar, lo que puede generar una sensación de bloqueo, estancamiento o pérdida de control.
En este sentido, desde Psicalma entendemos la evitación, no como un fallo personal, sino como una estrategia aprendida que cumple la función de protegernos del malestar. No obstante, cuando se convierte en la respuesta predominante, termina teniendo un efecto paradójico: aquello que se intenta evitar es precisamente lo que se mantiene. Por ello, desde el centro contamos con profesionales que podrán ayudarte a romper este ciclo y encontrar nuevas maneras saludables a corto y a largo plazo de poder gestionar el malestar.
